miércoles, 20 de octubre de 2010

La resplandeciente palabra que se triza en el sonámbulo parlante de los oídos sordos de vida y amor, juegan el limpio camino de la muerte, esperando despertar en tiempos diáfanos, adorablemente enfermos, fulminantemente bellos, cautivantemente amargos de dulce néctar de entrepiernas sudorosas que esperan al huésped del mediodía, del despertar en claro, del soñar orgásmico. Podría decir que el amor vale más que la vida, que se siente en el estomago…pero esto no es totalmente cierto..
El amor es tan indeleble que la amarga sensación de no tenerlo nos nubla, nos vuelve sonámbulos de la idea, nos hace ver realidades estrelladas contra la pared del desencanto, en fin, tantas cosas son sin ser… deber, entregar, transformar, caer al vacío y levantarse en el viento, soñar contracorriente, naufragar en la certeza de la decisión errada, vivir, dormir, minar las faltas del olvido con las verdades del recuerdo, sentir, llorar, creer, abrazar el silencio con las palabras correctas, apretar el puño y golpear la cara marchita de la partida en silencio para no ser descubierto por el fin de la historia… cabrá esperar tanto? Sucumbir al estornudo de dios, para caer cerrando los ojos en el patio de la balanza apocalíptica de un beso, será eso amar? Fantasear con la mirada el sonido de la voz de la mujer errante, de la ninfa subterránea, de la bella imagen que he creado para estar vivo.
Cuantas palabras se pueden gastar para decirle ella que la Amo, que la extraño cuando está conmigo, sentada a mi lado, soñando con mundos paralelos, con su imaginación estrellándose contra mi pecho abierto de desorientado énfasis en la guerra de mi mundo, contra la espera de la esperanza perdida. Qué importa si no son versos, si no son llantos, si solo son palabras enterradas en el papel de la avaricia, de la creación de mundos sin dioses, de imágenes sin visual, de música sin acorde, de espectáculos sin espectadores, de vida sin vivientes, de existencias sin seres, de entes sin alma, de almas sin dioses, de dioses sin creyentes, de creyentes sin fe, de fe sin salvación, de salvación sin paraíso… es tanto lo que se ama cuando el cerebro esta preñado de ideas, aunque sean inconexas, aunque partas de la sencilla razón del ser, del despertar del niño sin madre, en fin… sabemos tan poco del amor, que solo amamos sin saber.

lunes, 18 de octubre de 2010

Cuando palpe su rostro multiforme con mis dedos planos, note que la sensación es una avara contemplación impávida del silencio. Entonces advertí que la vergüenza es la compañera ideal del soberbio, cerré las puertas del mercado sentimental y abrí las persianas del interior solitario, contemple entonces extasiado que la sordera es mejor para el mudo, y la ceguera para el ignorante sin sabor a vida...